Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2013

Lenguajes y discursos (respondiendo a Larsson)

Seguimos el diálogo, después de este largo paréntesis.
Efectivamente, se trata de una economía política de los discursos. Y claro, los discursos no son sólo palabras o mensajes emitidos verbalmente, ni se trata de eso que se formula (desde una perspectiva mentalista o subjetivista) como extensión de la subjetividad, de la consciencia como entidad separada. Estamos frente a un tipo de objetos que abarca el mundo humano en su conjunto. La manera en que ordenamos una sala para una discusión, es un conjunto de mensajes en sí mismos. El gesto con el cual saludamos a alguien a quien reconocemos cierta autoridad (que puede además estar instituída) es un mensaje, es un discurso, tanto como la posición de la silla donde esa persona se sienta con relación a donde me siento yo. Podríamos incluso decir que eso es lo que permite la transmisión de mensajes más allá de la diferencia de idiomas, puesto que la disposición y movimiento de objetos, de cuerpos como objetos de esa disposición, implica un…

Más sobre lenguajes de poder

Una colega me pregunaba hace tiempo sobre ejemplos más concretos de lo que yo llamaba los lenguajes de poder (en mi libro "Política en el Chiapas rural contemporáneo"). Allí mismo, señalaba yo, hay algunos ejemplos, como cuando una persona del pueblo que estudié, un campesino descendiente de antiguos peones de una hacienda o finca agrícola, describía el infierno como una finca. El dueño del infierno era un patrón, y su ayudante era como un capataz, y los que llegaban al infierno se convertían en trabajadores del pukuj o demonio para toda la eternidad. En un cuento publicado por la UNAM (Gómez, Ruz y Palazón: Palabras de nuestro corazón. Mitos, fábulas y cuentos de la narrativa tojolabal) un hombre narra un viaje al infierno y describe que todo allí es al revés: la comida no son frijoles sino garrapatas, el pozol (bebida de maíz con agua) no es de maíz sino de pus de heridas de animales, y la leña para el fuego no es de madera sino de huesos.
Esas narrativas me recordaban o…